miércoles, 31 de marzo de 2010

China da el "Gran Salto Adelante" nuclear

Del «nuclear no, gracias» al «nuclear sí, por favor». Ese es el mantra que está entonando el mundo ante el calentamiento global por la creciente polución y la inviabilidad de las energías renovables para sustituir al petróleo cuando éste se agote.

Acuciada por una pantagruélica sed de energía para alimentar su imparable crecimiento económico, China se ha lanzado de lleno a su particular «Gran Salto Adelante» hacia la energía atómica.

El gigante asiático dispone de momento de sólo once centrales nucleares, pero está construyendo 17 nuevas plantas y cuenta con otras siete ya aprobadas. A ellas se suman los 124 proyectos que, a juicio del grupo industrial World Nuclear Association (WNA), tienen sobre la mesa las autoridades de Pekín para incrementar su potencia atómica en el futuro.

Durante la próxima década, el objetivo del Gobierno chino consiste en construir al menos 30 centrales para multiplicar la potencia atómica, que en la actualidad es de nueve gigavatios, hasta llegar a entre 70 y 90 gigavatios en 2020 y a los 400 gigavatios en 2050. La energía nuclear, que ahora sólo produce el 2,7% de la electricidad del país, pasará a aportar el 9,7%, pero el consumo continuará disparándose por el crecimiento económico e industrial.

Olvidarse del carbón

De esta manera, el régimen de Pekín pretende reducir su dependencia del carbón, cuyas arcaicas y peligrosísimas minas generan el 75% de la electricidad nacional a un alto coste medioambiental y humano. Cada año, más de 3.000 mineros mueren en accidentes en los pozos hulleros de China, que ya es el país más contaminante del mundo junto con EE.UU.

Sólo con la puesta en marcha de sus nuevas centrales nucleares, el Gobierno chino calcula que rebajará en un 5% sus emisiones de gases de efecto invernadero en 2020. A esta decidida apuesta por la energía atómica se suman las fuertes inversiones en energías renovables, como la eólica y solar, que ese año aportarán el 15% de la electricidad.

Mientras grandes empresas occidentales, como la americana Westinghouse y la francesa Areva, ya le han hincado el diente a la radiactiva tarta china y están construyendo varias centrales en las industrializadas provincias costeras, los grupos ecologistas se muestran alarmados por dicha proliferación nuclear.

El fantasma de Chernobil

Aunque las plantas chinas no han registrado ningún accidente grave, el fantasma del desastre de Chernobil sigue persiguiendo a la industria atómica. Para garantizar la seguridad, el primer ministro chino, Wen Jiabao, ya ha ordenado quintuplicar el número de inspectores hasta llegar al millar a finales de este año.

Pero la alargada sombra de la corrupción también se ha cernido sobre las dos compañías que generan este tipo de energía. El presidente de la Corporación Nuclear Nacional de China, Kang Rixin, fue detenido el pasado mes de agosto al verse envuelto en un escándalo por aceptar más de 180 millones de euros en sobornos en la licitación de centrales atómicas y apropiarse de fondos públicos que luego perdió especulando en la Bolsa.

Antes que él, otros altos cargos del sector nuclear chino habían sido destituidos por corrupción en la adjudicación de las obras de futuras plantas. Entre ellos destacan Jiang Xinhseng, antiguo responsable de la Compañía de Importación-Exportación Tecnológica, y Shen Rugang, ex viceconsejero delegado de China Guangdong Nuclear Power Group, la otra compañía autorizada para producir energía atómica en el coloso oriental.

«Si no somos plenamente conscientes de la rápida expansión del sector, la calidad en la construcción se verá amenazada, con sus consiguientes riesgos», reconoció el director de la Administración Nacional para la Seguridad Nuclear de China, Li Ganjie.

Además, el «dragón rojo» disparará la demanda de uranio, cuyo consumo se multiplicará por diez en 2030. Aunque China explota sus propias minas de uranio desde 1950, sobre todo en las remotas regiones del noroeste, sus dos compañías nucleares ya han firmado contratos para acceder a las reservas de Kazajstán, Uzbekistán, Mongolia, Australia, Níger y Namibia. Todo ello con tal de seguir alimentando el crecimiento del gigante asiático, que está llamado a tomar el relevo de EE.UU. como próxima superpotencia nuclear.


Tomado del diario ABC de España y escrito por Pablo M. Díez

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